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Alianzas

E-LECCIONES DE HALLOWEN

Por: Eric Duport Jaramillo

Culminaron las elecciones, se terminó el proceso electoral y al día siguiente en la celebración de Hallowen parecía advertirse que ese debate, lleno de agravios, no afectó la alegría de los pereiranos.

Esa es la ciudad y los ciudadanos que quisiéramos ver a diario: alegres, sonrientes, pero sobre todo en familia caminando por sus calles, barrios centros comerciales, en fin, una verdadera manifestación de alegría de grandes y chicos.

Esa es la Pereira que queremos mostrar, donde pasan cosas buenas, pero además donde la gente hace de pequeños eventos celebraciones llenas de imaginación, colorido, familiaridad y amistad.

Ese terrorífico día inventado por el marketing gringo, fue una disculpa para que los niños de las manos de mamás, papás, tías, abuelas, hermanos se volcaran a las calles en busca de un dulce.

Ayer en la tarde a pesar del tremendo aguacero, el desfile de disfraces se hacía interminable y luego del cierre de la llave celestial, ese desfile creció, y llenó otros espacios de la ciudad que aguardaban a grandes y chicos, calabaza en mano o en su defecto con una bolsa plástica de supermercado para aumentar la colección de golosinas.

Me sorprendió no solo la gran cantidad de niños sino esas familias que también se pusieron la máscara o la nariz o el disfraz completo para recorrer los sectores y acompañar a sus pequeños en la importada, pero ahora muy colombiana celebración.

Son pequeñas cosas y pequeños momentos que despiertan el espíritu y alegran el corazón y sobre todo nos ofrecen esperanza e ilusión pues se demuestra que entre nuestros habitantes sigue existiendo una gran alegría, solidaridad y capacidad de compartir.

Esa es también una muy buena lección para entender que la ciudad es de todos y no de unos pocos y que las diferencias políticas podrían estar a solo UNA BANANA de distancia entre los rivales o ¿quién me dice que ayer en la puerta de una casa no llegaron a estar juntos los antagonistas del domingo?

Pereira es una ciudad grande llena de gente alegre, y esa ojalá fuera la cara que le mostráramos a todo el mundo. Eso es lo que nos da bríos para seguir adelante, que a pesar de todas las dificultades, vicisitudes y diferencias casi todos somos capaces de sonreir.

Esa fue la fiesta que yo pude percibir, sin embargo esta mañana al llegar a la oficina y ver los andenes llenos de harina corroboré las denuncias de algunos ciudadanos que me advirtieron que varios motociclistas, desde sus ruidosos aparatos, se dedicaron a agredir a los transeúntes y a asustar a los niños haciéndoles pasar un desagradable rato.

Que lástima que esos vándalos existan en una ciudad como la nuestra, donde una gran mayoría le apostamos a la alegría colectiva y sólo un grupúsculo de desadaptados se dedican a dañarle los buenos momentos a la gente.

 
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