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A UN AMIGO

Columna institucional de la Cámara de Comercio de Pereira

Publicada el lunes 18 de febrero de 2019 en El Diario

Por Giovanny Gómez, gestor cultural de la CCP

Este espacio institucional de la Cámara de Comercio de Pereira hoy está dedicado a un grande la Cultura en Pereira que emprendió el viaje a la eternidad: Carlos Enrique Hoyos, el flaco Hoyos. Y es a modo de carta a un gran amigo que hoy nos referimos a él.   

¿Sabes cuándo has encontrado un amigo?  no sé responder, algo rodea nuestro alrededor y permite que un gesto, una gracia, una mirada nos abran la vida de otro en un momento preciso. A veces, ese otro es tan desprevenido que desde siempre tenía abiertas las puertas de su casa, no para que allí entrara, sino para que supiera que hace mucho tiempo ya estaba aquí. En eso podría sentir  una certeza de la amistad, no buscar un refugio ni un punto de llegada, porque la amistad es una cosa extraña, a cada uno le ocurre de una manera única y misteriosa, pero cuando decimos de amigos, entendemos que muchos se explican por los kilómetros de palabras que podemos cruzar, por los silencios que podemos acompañar, por los numerosos calendarios que suceden sin vernos, hasta cuando la película continúa en el punto que la dejamos y seguimos adelante. 

Una vez por estas calles de Pereira, encontré un señor grande, de voz cavernosa y risa estentórea; de esas risas que son capaces de espantar los pájaros de los árboles. Sí lo recuerdo bien,  por su manera de andar,  estoy seguro que en otra existencia cargaba ya unas alas muy grandes. Al que yo conocí le decían “el flaco” y no era flaco, cargaba dentro una vida superior en tamaño de la que podía caber en el cuerpo, y pintaba letras como lluvia de  colores, y pintaba pájaros  como si fuera un autorretrato, y pintó un cafetal, una naturaleza de flores con una bicicleta y pintaba también a su hijo. 

Uno cree que saber algo de alguien, le da una posibilidad de estar más cerca y conocerlo más. Yo no sabía  de la vida cotidiana del Flaco Hoyos; si pagaba el recibo de la luz a tiempo, dónde guardaba sus cuadros, cómo le fue en la exposición reciente? Yo no sabía cuándo venía de su casa en el campo a estas calles donde vivimos y, sin embargo, encontrarlo por azar era como una cita que nos habíamos puesto hace mucho tiempo, no para hablar de nosotros, sino para preguntar por esta ciudad que él también se inventó,  para celebrar algunas cosas que nos gustan, para reírnos de lo trascendentales que somos y de lo vacíos que quedamos.  Días, noches enteras, se acumularon meses  de no verlo, y lo sentía cerquita. Quizás porque hace mucho tiempo nos subimos al barco de su vida, y desde allí seguimos viendo horizontes. Por eso  conmoverse con sus pinturas era intuir que hablamos siempre de la misma cosa: saber que algo nos llena no porque nos pertenezca, sino porque ya tiene todo de nosotros.  

A un amigo eterno.  

 
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