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EL OBISPO PEREIRANO

Por: Mauricio Vega Lemus
@mauriciovegal

De acuerdo con los datos históricos, la diócesis de Pereira fue erigida el 17 de diciembre 1952 por la bula Leguntur Saepissime del Papa Pío XII y para orientarla fue elegido el Obispo Baltasar Álvarez Restrepo, oriundo de Sonsón.

Al frente de la Diócesis pasaron tres obispos más, antes de su actual guía: el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, de Santa Rosa de Osos; Monseñor Fabio Suescún Mutis, de Bucaramanga y Monseñor Tulio Duque Gutiérrez, de Pácora.

Y los nombro con su respectiva ciudad de origen para reforzar las palabras del actual Obispo, quien nos advirtió que ser de la comarca lo compromete doblemente, pues es oriundo del municipio de Pereira, específicamente del corregimiento de Arabia. Sin desconocer las invaluables ejecutorias de sus predecesores, Monseñor Corredor es el primer Obispo Pereirano que tenemos en nuestra Diócesis.

Con menos de 40 años de edad, Monseñor Rigoberto Corredor fue consagrado Obispo Titular de Rusgunie y Auxiliar de la Diócesis de Pereira, el 26 de marzo de 1988. Orientó también las diócesis de Buenaventura y Garzón para regresar a la ciudad que lo vio nacer como sacerdote. Asistimos precisamente esta semana a sus 25 años de ordenación episcopal.

Y ese compromiso con su ciudad y su región lo ha asumido en todas y cada una de sus actuaciones, pues desde su púlpito, pero además desde sus columnas de opinión, se ha preocupado por llamar a la unión a todos los actores de la ciudad. Columnas que por cierto son toda una muestra de buena escritura.

Además, su recorrido pastoral lo ha llevado hasta los más alejados rincones de Risaralda en las comunidades indígenas del occidente del departamento, y por ello tiene un bagaje suficiente sobre las distintas problemáticas que aquejan nuestro territorio.

Monseñor Corredor sin duda se ha convertido en verdadero abanderado de temas de trascendental importancia para la capital risaraldense, como el Pacto Cívico, que seguimos en mora de recuperar. Pero en lo que no podemos dejarlo solo, es en su vehemente llamado a la unión cuando afirma que "El milagro consiste en unir voluntades para explorar las posibles soluciones?.

Ese llamado a la unión de voluntades deberíamos acogerlo de inmediato, pues es por el bien de la ciudad y lejano de cualquier interés particular que generalmente representa el cuello de botella para los propósitos más altruistas.

Enhorabuena este llamado. Por lo pronto nos queda, a los distintos sectores de la sociedad, acudir a la invitación y de una vez por todas trazar esos objetivos que desemboquen en una sociedad más equitativa, participativa y activa que nos permita crecer para mejorar las condiciones de vida de más ciudadanos. Y enhorabuena también por quien lo hace, por quien nos convoca a la unidad y al acuerdo, como base para superar nuestras dificultades. Se trata sin duda del más autorizado y legítimo de nuestros líderes. Nosotros en la Cámara de Comercio, aceptamos gustosos su llamado. Que sea esta Semana Santa del Sesquicentenario, la ocasión propicia para refundar nuestras voluntades!
 
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