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EL PAISAJE CULTURAL CAFETERO

Por: Eric Duport Jaramillo

El proceso liderado desde el año 2000 por los departamentos de Quindío, Caldas, Risaralda y el Norte del Valle del Cauca, por alcanzar el reconocimiento de la UNESCO logró su cometido.

Nuestro territorio, donde se cultiva el mejor café del mundo, acaba de ser declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura -UNESCO- como patrimonio de la humanidad, en la última reunión del Comité de Patrimonio Mundial, realizada en París.

Esta sin duda es una excelente noticia no sólo para la región sino para el país pues la declaratoria del Paisaje Cafetero como patrimonio de la humanidad, entra a jugar un papel preponderante en materia de diferenciación de nuestro país y potencia la región como destino turístico.

Sin embargo, ahora que se abre este camino es muy importante que desde el gobierno nacional, los gobiernos locales, el gremio cafetero y los sectores culturales y turísticos se inicie una gran campaña de socialización y concientización sobre las implicaciones y las posibilidades que la declaratoria representan.

Desde ya 47 municipios de cuatro departamentos de Colombia integran ese excepcional territorio que nos ha servido durante más de un siglo, no sólo para disfrutar del mejor grano sino de los más bellos parajes naturales del planeta.

El paisaje cultural cafetero como patrimonio de la humanidad entra a formar parte del abanico de lugares que ya tiene el país con ese mismo estatus como son: Puerto la Pontificación en el Centro Monumental de Cartagena, el Centro Histórico de Mompox, el parque natural los Katíos, el parque natural de la isla de Malpelo, y los parques arqueológicos de San Agustín y Tierradentro.

Esta declaratoria, como lo decía anteriormente, así como es una buena opción para el desarrollo de proyectos de distinta índole, es una obligación para las instituciones y los gobiernos frente al mundo entero y esas implicaciones deberán ser un objetivo común para tratar de sacarle el mejor provecho a esa dignidad universal.

Estamos pues a la espera de que nos den las pautas y las directrices para que empecemos a aprovechar ese reconocimiento y que el nos sirva como un verdadero diferenciador y no simplemente como un título nobiliario.

Si algo nos ha diferenciado en el mundo entero ha sido nuestro café y ahora con más posibilidades de venir a nuestra tierra que mejor que aprovechar el título para mostrar esa cara verde de nuestro paisaje cultural cafetero.
 
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