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Alianzas

RUIDO IRRESPETO Y FALTA DE AUTORIDAD

Por: Eric Duport Jaramillo

En el día de ayer escuché por diferentes medios las denuncias de los ciudadanos frente al infernal ruido y los desordenes que producen algunas discotecas de moda en nuestra ciudad.

Las zonas rosa creo que existen en casi todos los lugares del mundo pero lo que está ocurriendo en nuestra ciudad ya raya con lo absurdo en materia de permisividad, no sólo de las autoridades sino de los mismos padres de familia.

La Circunvalar desde los jueves y hasta la madrugada del domingo parece tierra de nadie, pues el desorden y la algarabía es lo único que se visibiliza en cada una de las esquinas.

Sin duda somos una tierra premiada por la naturaleza y la posibilidad de estar al aire libre ofrece la mejor posibilidad de pasar un rato agradable en compañía de los amigos, las amigas y las familias.  Nada mejor que una ciudad donde uno tenga opciones de diversión.

Sin embargo, esas opciones que tenemos no pueden interferir, con el derecho al descanso y al sosiego de los habitantes que viven en los alrededores de estos sitios y mucho menos, pero mucho menos, con los enfermos.

Esta proliferación de sitios nocturnos está desvalorizando las propiedades del sector y está deteriorándoles la calidad de vida a los habitantes del sector.

La denuncia de ayer también estaba dirigida a defender a quienes deben pasar la noche en la Clínica Comfamiliar, pero por ejemplo acá en el centro, al lado de la antigua clínica del Seguro Social hoy Clínica Cardiovascular, ubicada en la 20 con sexta, la cosa no es diferente.

No hay derecho a que de un local comercial saquen dos muy buenos parlantes, como para concierto en el estadio, a la vía pública para acompañarle las cervezas a un grupo de amigos un viernes en la noche, interrumpiendo la tranquilidad de quienes seguramente no están pasando tan bueno en un hospital y eso ocurre allí a pocos metros del antiguo seguro social.

Así mismo ocurría frente a la clínica Risaralda, con algunos establecimientos ubicados a sus alrededores que cuando la clínica estuvo en funcionamiento, seguramente sus pacientes no tuvieron la posibilidad de descanso deseada y necesaria para su recuperación.

La verdad no le veo la gracia, ni me atrae, la música a volúmenes que se acercan a la estridencia y mucho menos cuando afectan a la comunidad, pero en especial a quienes están convalecientes.

Pareciera que la razón para subirle el volumen, a los equipos, no es para que sus clientes oigan lo que les ofrece el establecimiento, sino para que no oigan la del de enseguida, en últimas sólo generar bulla, ruido y desorden, lo grave es que no es para ellos sino para la comunidad de sus alrededores.

Sabemos que las autoridades han hecho operativos en diferentes sectores y han encontrado menores de edad, licores sin estampilla y ni que decir de los decibeles por encima de lo permitido, pero al parecer no hay sanciones ejemplares que le pongan coto a esta situación.

Veo con preocupación que en muchos de los establecimientos de marras no se han respetado los procedimientos para la reforma de las viviendas, las cuales se hicieron sin autorización de las curadurías, motivo por el cual esos establecimientos deberían estar sellados.

Muy importante será entonces que las autoridades tengan mano dura y los dueños de los establecimientos, al menos, sentido común, pero además responsabilidad y civismo, pues acá vivimos todos.
 
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