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Alianzas

¿Qué pasó en nuestro país?

 
Por:  Eric Duport Jaramillo
 
Dos de las últimas tres ediciones de la revista Semana han sido escandalosas en lo que se refiere al tema de la corrupción, de la legal y de la ilegal. Ya sea por la facilidad con la que se pensiona un juez o un magistrado a costa del erario público, o por los carruseles de contratación que se han destapado a nivel nacional y que todavía falta mucho por auscultar en todas las regiones del país.
 
Para colmo de males, pareciera que la idea es defenderse a toda costa, y no dejar que se endurezcan las leyes o sino, ¿por qué se votó ayer negativa la iniciativa en la comisión primera de la Cámara de Representantes de aumentar de 5 a 8 años los términos para que prescriba la acción judicial contra un corrupto? Creo que el procurador fue tímido en proponer ese aumento, cuando este tipo de delitos no deberían prescribir nunca. Se trata de dineros públicos, dineros sagrados que nadie tiene derecho a robarse.
 
En mi época como estudiante de derecho jamás se oía a un magistrado de una alta corte hablar por medios de comunicación o hacer ruedas de prensa o casar peleas con otros magistrados o políticos. Recuerdo que el Dr. Nilson Pinilla, quien en ese momento era magistrado de la Corte Suprema de Justicia, sala penal y que nos daba clase de procesal penal, un día llegó al aula a excusarse con sus alumnos puesto que había sido recusado por una persona a quien estaba investigando, y ello fue suficiente para sentirse impedido de dictar su clase en la universidad. Una vez se resolvió la recusación en su favor, continuó con sus clases.
 
La lección de derecho y de moralidad del profesor y magistrado Pinilla sin duda nos marcó y es por ello que ahora que las Altas Cortes abren noticieros, no por fallos sino por diferencias, resulta bastante difícil creer que están haciendo las cosas bien.
 
Qué diferencia con lo que estamos viendo hoy en día con las cortes. Completamente permeadas de política, adoptando mañas politiqueras y permitiendo, sin ningún pudor, la jubilación millonaria de funcionarios de la rama judicial con pensiones astronómicas. Antes se decía que las cortes legislaban y eso se cuestionaba, ahora vemos que además prejuzgan y también tienen cuotas burocráticas en la administración de justicia.
 
Por otro lado el tema de la corrupción está desatado. El sistema de contratación público falló y se debe reconocer a todo nivel. Tal como lo menciona Semana, las licitaciones se acomodan perfectamente a la medida del contratista ganador, las presiones para los cargos públicos se mantienen y la sesión de carteras, institutos, secretarías o empresas de servicios públicos a los políticos es cada vez más evidente.
 
El tema de Bogotá, Morenos vs Nules ha tomado tales dimensiones que alcanza a opacar otros actos similares que suceden a diario en las regiones. Creo que la destitución de la alcaldesa de Armenia, mandataria de una capital de departamento, no servirá siquiera como buen ejemplo para que quienes violan la ley, sepan que serán castigados ejemplarmente.
 
Esos temas de corrupción disfrazados de legalidad mucho daño le están haciendo a un país del que todo el mundo quiere sacar tajada, algunos cobijados por sus fueros tratando de tapar o dilatar sus malos actos; otros ofreciendo dádivas a los más necesitados con tal de obtener votos; y otros oportunistas, como los ex secuestrados, que pretenden acceder al erario público en vez de salir a hacer una cruzada internacional contra las FARC y no contra los ciudadanos que deberemos pagar, seguramente, las absurdas indemnizaciones que están solicitando.
 
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