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Alianzas

CONTRA-ADICCION

Por: Eric Duport Jaramillo
 
La mayoría acaba de derrotar en el Estado de California, la posibilidad de legalizar la marihuana. A través de un referendo se pretendía despenalizar el cultivo, el comercio y el consumo de cannabis.
 
Legalizar la marihuana pondría en igualdad de condiciones a este estimulante con el tabaco y al alcohol, lo cual abrió nuevamente un debate en los distintos sectores y países no sólo por sus efectos, sino por todo lo que se genera alrededor de un producto ilegal.
 
Para muchas personas regularizar o aceptar su uso puede ser una forma efectiva para combatir el tráfico e incluso algunos, previo al referendo realizado en los Estados Unidos, ven esta legalización como fuente de recaudo de impuestos.
 
También hay quienes afirman que el uso y consumo de marihuana, puede ser menos perjudicial que el alcohol y el tabaco, eso sin contar los usos medicinales que tiene la yerba.
 
Lejos de todas estas posibilidades lo que cuesta entender es cómo muchas personas de nuestra sociedad y de otras sociedades, consumidores habituales o esporádicos salen a protestar a las calles como víctimas de la violencia, cuando al comprar lo que están haciendo es alimentar ese mercado negro donde sólo impera la ley de los capos.
 
El tema está planteado entonces desde la perspectiva de la ilegalidad del consumo, pues es a partir de allí de donde se desprenden los problemas de orden público y social en distintos sectores de la sociedad.
 
El libre desarrollo de la personalidad no puede ir en contra de las normas vigentes y mucho menos convertirse en el cómplice de los traficantes que se lucran de quienes gustan de un producto que por lo pronto está restringido.
 
Más grave aún es que ese tráfico y ese micro tráfico, que se da en barrios y comunas, está matando jóvenes y mientras existan ese tipo de situaciones bien difícil va a ser entender a quienes consumen sustancias prohibidas pero se rasgan las vestiduras por la situación de violencia que vive el país.
 

 

 
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