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Alianzas

LA MINA Y LA SELVA

Por Eric Duport Jaramillo

Viendo ayer con emoción el regreso de los mineros a la superficie de la tierra; escuchando los detalles de la apoteósica operación; imaginando el pensamiento de los rescatados al llegar a un lugar donde ya no corren peligro, entre muchas otras cosas, me puse a pensar que diferencias o que similitudes pudo tener este histórico logro y los rescates de los secuestrados en Colombia.

Los abrazos y los saludos entre mineros familiares y rescatistas, sin duda son similares, así como la euforia de algunos, lo parco de los otros y hasta el reflejo de incredulidad de haber salido de las profundidades, que para el caso chileno es de una mina y para el nuestro de la selva.

Los detalles que se irán revelando de la operación en la mina chilena, seguramente habrían sido tan secretos, en muchos puntos, como lo deben ser las operaciones militares para traer los secuestrados en Colombia.

Seguramente algunas organizaciones demandarán al estado chileno por algún procedimiento durante el rescate, como sucede en nuestro país cuando llegan los liberados a sus casas.

Muy pronto estarán las esquinas de nuestras calles llenas de libros piratas escritos por los mineros o por uno que otro oportunista que quiere sacarle provecho personal a la tragedia de sus compatriotas.

Las diferencias que encuentro es que en estos casos los medios no han llamado a los ex presidentes chilenos a preguntarles como lo habrían hecho o seguramente a denigrar de la operación y por qué no están de acuerdo con el procedimiento del gobierno para rescatar a sus compatriotas.

En el caso chileno hemos visto, (hasta el momento de redactar esta nota) una operación en vivo y en directo, que lógicamente no vamos a ver en los rescates de secuestrados.

Mientras los mineros estaban atrapados bajo tierra por la naturaleza, pero en contacto directo con sus familiares, nuestros secuestrados están atrapados bajo amenaza y en contacto a través de terceros que negocian con sus vidas y su libertad y se convierten en protagonistas.

Es sorda y sin corazón la mina en el desierto Chileno, pero es más sorda y sin corazón la guerrilla, que pudiendo escuchar, no devuelve a los secuestrados de la selva como si los devolvió la montaña de cobre.
 

 
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