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Alianzas

La Noticia del Año


  Por:  Eric Duport Jaramillo

 

Antes de iniciar esta columna de opinión, me aseguré que hubiera otra persona que estuviera de acuerdo con el tema que voy a tratar, porque aunque suene a derechista o facho, no deja de sorprenderme la actitud de los medios de comunicación nacionales en el despliegue periodístico que le dan a las liberaciones de secuestrados.

 No hay nada que me ponga más feliz que saber que esos soldados y policías recobraron la libertad. Es sin duda una noticia para resaltar y que nos permite sentir una gran emoción por las familias que recobran a sus hijos, esposos y padres.

 Sin embargo, no podemos olvidar que la guerrilla ha puesto en los últimos 12 años a dos presidentes de la república, incluyendo la reelección de Uribe, y que lo que está pasando en este momento es un claro juego político, disfrazado de acción humanitaria, con propuestas claras por parte de la guerrilla, que sin duda hará que los candidatos a la presidencia cambien sus discursos.

 Entiendo perfectamente al presidente Uribe cuando habló el fin de semana diciendo que era superior el dolor de las familias de los secuestrados que iban a ser liberados y que por eso no suspendía el proceso. Pero se nos olvida, por el gran show mediático, que las Farc asesinaron un gran número de personas en Buenaventura la semana pasada y utilizaron a un indefenso niño como bomba humana, tal vez como el peor acto de barbarie cometido en los últimos años.

 Esta última noticia sí que no se menciona. Es que los gestos humanitarios de la guerrilla están por encima de todas estas tragedias que los colombianos olvidamos muy pronto, gracias a tener que soportar 45 minutos para ver despegar y aterrizar los helicópteros brasileños con los liberados y con la “heroína” Córdoba, pero además las extensas improvisaciones cargadas de especulaciones por parte de los enviados especiales, que terminan por servir de caja de resonancia a los intereses de los secuestradores, y de algunos politiqueros que pescan en río revuelto sobre el dolor de los familiares y de las víctimas.

 No hay duda que la guerrilla la sabe hacer muy bien. Un día mata a decenas de personas y al otro libera un secuestrado. Las víctimas y las familias de los muertos se desvanecen frente a la liberación de otro ser humano. Funciona fácil, porque aprendimos a compensar y tal vez, sin saberlo, a perdonar a quienes actúan de esta forma.

 Hoy, frente a las propuestas de canje humanitario, los candidatos tendrán que hablar y definir claramente las posiciones que marcarán sus probables gobiernos. Esperemos, eso sí, que los colombianos hayamos aprendido algo de lo que trató de enseñarnos el presidente Uribe durante estos 8 años. Dignidad y respeto al pueblo colombiano, no caer en la trampa de personas que son capaces de poner un collar bomba o de utilizar a un niño como arma. No ceder ante lo ya logrado, y mantener el rumbo de acorralar y someter a los terroristas.

 Por último, decirle al colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz, que ese nombre les queda grande. Que ni yo, ni muchos otros ciudadanos, nos sentimos representados por ellos. Que el día que condenen con toda severidad los actos terroristas, que no promuevan la mala imagen de nuestros gobernantes, ni del país en el exterior y que detrás de sus propuestas humanitarias no escondan iniciativas políticas, tal vez, ese día, que no llegará seguramente, recibirán el apoyo de los verdaderos colombianos de bien.

 
 
 
 

 
 
 

 
 
 
 

 
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