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SECUESTRO Y CORRUPCIÓN

SECUESTRO Y CORRUPCIÓN
Por Eric Duport Jaramillo

La Marcha contra el secuestro es un primer grito en el que la comunidad se ha unido para reprobar la inhumana práctica a la que están sometidos, según las cifras de País Libre, cerca de 3 mil compatriotas, tres norteamericanos, un bebé y 11 mártires.

Y mientras escuchamos pedidos y ruegos de las familias de las víctimas para que nos devuelvan a quienes están secuestrados, los violadores de derechos humanos cada vez son más arrogantes e intransigentes.

Por ello la marcha del profesor Moncayo, a quien respeto y animo, de poco va a servir si la resistencia que hagamos todos contra los secuestradores y los corruptos no sea económica.

El coraje demostrado por la viuda del empresario Diego Mejía Isaza, quien el mismo día que pasó el profesor Moncayo por Pereira, era asesinado por las FARC en cautiverio, es una seña inequívoca, un mensaje a todos los colombianos que debemos revelarnos contra todo tipo de presión.

No se si a ustedes pero a mi la corrupción se me parece muchísimo al secuestro y les voy a explicar de donde surge esta comparación que, a la vista, podría ser descabellada.

Las pretensiones de grupos políticos, económicos o personas que detentan algún poder se basan en la coacción, intimidación o en el engaño.No necesariamente tiene que ser con un arma de fuego desenfundada como a un ser humano se le puede coaccionar, intimidar o engañar, por aquellos que quieren sacar partido de la vulnerabilidad que tenemos los seres humanos y esa vulnerabilidad se llama familia.

Por ello, tener que dar coimas, dádivas o comisiones en los contratos es aceptar el poder intimidatorio de quien toma la decisión a la hora de adjudicar, es dejarse coaccionar por quienes utilizan el poder como arma para lograr su cometido, y eso es como pagar un rescate, pues no se está libre para trabajar, no se está libre para competir, no se está libre para actuar de manera legal y en igualdad de condiciones.


Quienes aceptan pagar un precio están tolerando las prácticas de los secuestradores y de los corruptos y el uso del poder intimidatorio de quienes se sirven de las debilidades humanas.

Si el punto final lo damos los civiles y nos resistimos a dejar que nos pongan precios por ser libres, más pronto que tarde ese lucro que obtienen hoy corruptos y secuestradores dejará de ser su gran negocio.

Nuestros secuestrados valen tanto que no tenemos con que comprarlos, nuestras conciencias valen tanto que no tienen como comprarlas. Ahí se les acabará el negocio.
 
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